Memphis Blues Again

lunes, abril 24, 2006

El Viaje (IV): La Confesión

Una vez se desvanece la nube de polvo, el viajero contempla tres figuras que descienden de sus monturas. En el tiempo del petróleo y la máquina, la sombra de un caballo en la arena es tan irreal como el afecto. Impelido por una fuerza que le domina comienza a narrar su viaje sin sentido y las palabras que ha oído. El hombrecillo se yergue y parece mirarle directamente a la cara reconociéndole. Sus palabras son nítidas y trazan aquello que su pensamiento aún no sabe formular. El más anciano de los hombres se acerca con paso tranquilo hasta acariciarle la cabeza como a un niño, mientras las palabras se agotan en su boca.

Y su súplica dice así:

"Hay noches que duran varios días. Alargas tus brazos para guiarte en la oscuridad, buscando sus límites, las fronteras del desagüe por el que ladran los perros. Noches frías en que las sábanas de lino semejan losas de mármol y los estampados son epitafios deshonrosos. Noches tan solitarias como la vida de un matrimonio triste, como la infancia de un huérfano de padres vivos. Hay noches secas como cuchillo de sierra, que atraviesa mientras rasga cuanto toca hasta separar con garra lo que nació para estar unido. Hay noches con sabor a vinagre y limón, regusto amargo difícil de endulzar".


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domingo, abril 09, 2006

El Viaje (III): El Anuncio

Pasado un montículo se abre una llanura verdeada cruzada por un viento leve. En su centro exacto se alza una casa de figura imposible. El brillo hace de su tejado un faro en plena luz del mediodía. Su techumbre semeja una gruesa capa de material fundido y desparramado sobre las paredes creando sombras y aleros caprichosos a cuyo resguardo anidan las aves. Detiene el automóvil acercándose a contemplar a un hombre diminuto arrodillado en el suelo con la cabeza inclinada sobre el pavimento y la mano derecha haciendo sordina en su oreja. Inmóvil, con la mano libre le hace un gesto para que mantenga silencio. El viajero obedece confundido y, al poco, el hombre se incorpora mientras canta una canción ininteligible dirigiendo su vista hacia el camino que se extiende ante sus ojos.

Y la canción le habla así:

"He oído los tambores de la Tierra rasgar la quietud de la noche anunciando el fin del tiempo de la vergüenza y la infamia. Sus notas presagian lluvia que hará brotar semillas, que harán brotar tallos, que harán brotar frutos y nuevas semillas. Y he oído, apoyando la cabeza sobre la hierba, el galope sereno de los heraldos, y sus trompetas y sus cortejos. He levantado la vista para contemplar las nubes de polvo espeso que se agolpa en los senderos umbríos y me ha escalofriado el murmullo ancestral que guía a las estrellas".


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